marzo 21, 2009

Leer la niebla

De todas las muestras memorables que se han hecho en el museo, quizás esta sea la más importante, la de mayor peso porque conecta con la realidad chilena: el mar se está muriendo como anticipó Gabriela Mistral: “Se murió el Mar una noche,/de una orilla a la otra orilla” (Muerte del Mar) y frente a la tragedia, los pescadores artesanales de hoy, descendientes directos de los changos, representan la vida, la continuidad de una cultura mantenida por más de diez mil años en estas costas. Una cultura viva y agónica a la vez, tan amenazada como el mar.

Los pescadores artesanales de Valparaíso y Con cón me decían que ya no hay pesca en la costa porque los barcos de arrastre se lo llevan todo. Sus redes ciclópeas arrasan el fondo del mar, matando las especies y sus huevos, de manera que en pocos años no quedará nada en “ese mar que tranquilo te baña.” Pero Chile, fiel al poema, decide no ver…“de no oirle y de no verle /lentamente se moría.”(ibid).

La muestra abre con un texto demoledor: Chile, que posee el mar “más rico de la tierra,” permite la sobrexplotación que lo destruye, en tanto desprecia a “los pescadores de la niebla,” que preservaron su riqueza durante milenios. Es decir, dilapida ambas riquezas, la del mar y la de su gente, ignorando una cultura costera que se cuenta entre las más antiguas de la tierra. Históricamente tildados de “bárbaros”, los changos pescadores y sus descendientes desaparecen sin que nadie le dé importancia a su desaparición. El texto dice “es válido preguntarse quiénes son en realidad los primitivos y quiénes los civilizados.”

Recuerdo perfectamente mi primer encuentro con los changos en l971. Había ido a exponer a Antofagasta y una noche salí a caminar por el desierto con unos amigos. Al cabo de un día de marcha en esas soledades llegamos a una casa de guano apelmazado al borde del acantilado. Ahí vivían los changos pescadores. Admiré el silencio y la belleza de su modo de vida, su apego a una cultura milenaria, pero no sabía lo que la muestra revela: el infinito arte con que los changos y sus ancestros se relacionaron con el mar y su entorno.

Una poética permea la muestra, desde el título mismo que sugiere un modo de habitar las nieblas camanchacas de la costa chilena. Una manera de ser con las neblinas que a veces toman la forma de una gigantesca oruga blanca que sale del mar y sube a los cerros dándoles vida y humedad. Me pregunto si camanchaca, es camac chaca, puente de vida, de camac, la fuerza vital en quechua, definida como “el intento de continuidad que sustenta el ser…una condición que involucra una relación constante entre camac, la fuerza y camasca, su manifestación,” (Salomon y Urioste, l991) y de chaca, puente. Leer la niebla y sentirla como un ser vivo es leer la relación recíproca que los pescadores tuvieron con Ella, aliméntadola con ritos y ofrendas, para que siguiera dando vida.

Cruzando el umbral entramos en un laberinto de paneles flotantes, un mosaico de fotos de las pinturas rupestres, la evidencia de un arte mayor comparable en su poder y belleza a las pinturas rupestres de Sud Africa, o Australia. Trazos rojos conectan la sangre y la fuerza vital de los cazadores y las ballenas, formando dúos, tríos o cuartetos unidos por cuerdas o nervaduras de lobo marino. Cada conjunto sugiere la unión e interacción de varios niveles de realidad, la conciencia del intercambio que sustenta la vida. Pintadas en acantilados inaccesibles, las pinturas también debieron participar como seres en grandes rituales, tal como sucede hoy en el mundo andino donde los textiles y las piedras son los testigos que guardan la memoria comunal. Nada sabemos de sus ritos, pero podemos imaginar su sonido por las flautas e instrumentos hallados.

La penumbra necesaria para la conservación y la sutil interacción entre los objetos y los textos de la instalación va creando un estado creciente de receptividad hacia la cultura antigua. Hacia su estética de la vida cotidiana donde cada objeto está imbuido de presencia. Hasta la última cuerdita, el menor anzuelo ha sido trabajado como una “obra,” un artefacto que transmite la mano y la visión del que la hace. (Muchos de ellos también pintados de rojo.) La inmensa belleza de los objetos de uso va preparando el camino para otra dimensión, la de los objetos enigmáticos. La abstracción total de los litos poligonales de Huentalauquén, estrellas de piedra caídas al borde del mar. Y las piedras “taltaloides” no-puntas de flechas, ofrendas, proyectiles a la nada, translúcidas piedras talladas a la perfección para nunca ser usadas. Brancusi o Noguchi las habrían admirado.

Y junto a ellos, los pequeños videos de animaciones digitales, realizados con finura y precisión agregan una dimensión importante, al permitir imaginar la increíble destreza y coraje de los pescadores que lograban cazar ballenas con pequeñas balsas de cueros de lobos inflados. (Una forma de navegación única en el mundo.)

La fusión y correspondencia entre la visión del mundo que los animaba, y el arte y la tecnología que crearon va surgiendo como un todo coherente. El texto de la entrada es experimentado como una realidad multidimensional, , donde la emoción generada por el conjunto permite conectar el pasado y el futuro revelando otra forma de entender nuestra historia. El penoso contraste que existe en Chile entre la extraordinaria creatividad de los pueblos originarios y el desprecio con que siempre fueron (y son) tratados.

La muestra, sinuosa y abierta como una red de pensamiento permite leer lo que no está ahí. La muerte del mar que nunca es mencionada y la hebra cortada de la fuerza vital, igualmente no nombrada. El clamor de los pescadores artesanales anunciando la muerte del borde costero y su cultura, se cuela por entre las redes, y resuena entre las vitrinas. ¿pero quién oye el grito de agonía?

Otra neblina, más densa que la camanchaca lo acalla, la vergüenza de lo propio, el miedo a aceptar nuestro linaje ancestral.
“El silencio era tan grande /que los pechos oprimía/ y la costa se sobraba/ como la campana herida.”(ibid)

Cecilia Vicuña
4 de marzo 2009

Texto escrito con ocasión de la muestra Pescadores de la niebla /Los changos y sus ancestros Exhibición y Catálogo, Museo Chileno de Arte Precolombino, Santiago de Chile, Noviembre 2008 - Mayo 2009.

Foto: "Macha Fósil", Playa Ritoque, Peter Kroeger.

1 comentario:

Carolina Trinidad dijo...

:)

Cuando leo, sé que el texto es de Cecilia Vicuña antes de leer su nombre abajo, porque su escritura, tiene un ritmo de tambor lejano, una constancia como pulso, como paso, y las palabras, se pronuncian suaves, casi susurrando, pasando así, como la neblina.

Gracias por compartir este texto por acá.